Facebook: nuestro “Big Brother” personalizado

No sé cuántos de los lectores aquí presentes recuerdan la película del Show de Truman, ya que han pasado unos cuantos años desde que Jim Carrey encarnase a Truman Burbank. Truman es un hombre normal y corriente al que le cambia la vida de un día para otro: de pronto sus amigos de toda la vida son actores, la ciudad donde habita es un plató en directo, y cada minuto de su vida está siendo filmado y retransmitido en directo. Tal vez esta trama les suena a algo más actual si reflexionamos un poco. ¿Podrían ser o incluso convertirse algunas redes sociales, como por ejemplo Facebook, en una especie de Show de Truman, en caso de no serlo ya?

Esta película tuvo tanto éxito que 10 años después seguía dando de qué hablar y además, en otros campos ajenos a la industria cinematográfica. En 2008 los hermanos Joel e Ian Gold, un psiquiatra y un neuro filósofo respectivamente, acuñaron lo que se llama el delirio del Show de Truman. Este delirio aunque no se encuentra registrado como tal dentro del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, podría clasificarse como una enfermedad delirante de tipo persecutorio, en el que el paciente cree que su vida es parte de una escena teatral o de un reality show.

Es bien sabido que el Show de Truman forma parte del género de ciencia ficción pero si fuésemos un poco más imaginativos, es decir, si enlazásemos la trama de Truman con acontecimientos actuales podríamos hacernos las siguientes preguntas: ¿cómo pudieron saberlo todo de Truman en una era donde aún las redes sociales y el Big Data (del modo actual) ni existían? ¿Es posible crear este tipo de Shows en la actualidad? ¿Podemos también escaparnos como Truman al final de la película?

Big data y Facebook: creando realidades

Funcionan al modo de guionistas, lo saben todo sobre nosotros, extraen información de nuestros gustos, movimientos, de las páginas a las que accedemos, lo que repudiamos, lo que nos gusta como lo que más, cuando iremos de vacaciones, cuando habremos vuelto, hasta saben quiénes son nuestros familiares. Son ellos, los ingenieros y desarrolladores de Facebook, quienes trabajan bajo las órdenes de uno de los hombres más alardeados en los últimos años, Mark Zuckerberg.

Este americano, además de habernos revolucionado a nivel comunicativo, ha ido un paso más allá y nos ha mostrado, que por un lado, la privacidad en un mundo hiperconectado es prácticamente imposible mantenerla un 100%, y que por otro lado, ni la queremos, en muchos casos. Pues es innegable que cuando compartimos información de algún tipo en Facebook, o le damos a links estamos generando una nueva huella, nuestra huella digital, que revela algo de nosotros, para bien o para mal.

Vida más allá de Facebook

Mientras que nosotros disfrutamos de las bondades de Facebook, hay otros expertos que nos avisan de lo que realmente supone esta red social gratuita, como pueden ser estas palabras que recogimos en nuestro post sobre Richard Stallman, uno de los personajes más relevantes en el mundo de la informática a nivel mundial y fundador de Wikileak, y que retomamos ahora: “Facebook es la máquina de espionaje más grande jamás creada”. Por ello, si queremos salirnos del “show que nos ofrece esta red social” podemos plantarle cara a este gigante de estas maneras: cerrar la cuenta, permitir el ingreso a tu red de gente que conoces, e incluso revisar las opciones de privacidad al evitar que terceros puedan ver tus datos. Otra opción es la que nos proporciona aquí 1and1 en su artículo, que es la de buscar alternativas a Facebook, pues aunque no sean tan conocidas hay plataformas que velan más por la esfera privada y por la seguridad de nuestros datos.

Sin embargo, la historia de nuestra vida puede ser realmente otra. Tal vez siempre soñamos con querer ser un poco ese Truman al que todo el mundo ve, saluda por la calle, le trata como un héroe, y es sin duda el centro de atención de toda su comunidad y lo que va más allá de ella. Es decir, antes no teníamos la tecnología para hacer ruido, y ahora que tenemos el medio para serlo, lo exprimimos sin atenernos a las consecuencias aunque las sepamos. Se trata a fin de cuentas de los 15 minutos de gloria que todos ansiamos desde la perspectiva de Andy Warhol. ¿Quién está dispuesto a renunciar a ellos? Del mismo modo que a nuestra cuenta de Facebook…